Henry Luque Poems

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1.
SARA

Hecha de elementos irreales o secreta,
tus ojos son la puerta de entrada del laberinto.
No está la luz en el origen,
ni en el parpadeo sutil de las fuentes hidroeléctricas,
sino en el movimiento que despliegas con tu propia sombra.
Más densa que el mito pero clara,
como el sol aprisionado en un cuarto sin ventanas.
El color del sueño en tu frente de flores sin segar
Allí está la vorágine del tiempo;
ningún perfil llama a conmiseración;
el destello impoluto de los guerreros caídos
es una mariposa en el rostro.
Oráculo y paraíso, las entrañas
son la vasija que guarda el dilema del espejo.
Nada te toca, salvo la lucidez del relámpago
que aprendes de tus pasos; el silencio bebe en el misterio
y el leopardo tórnase blanquísima huella de la sangre en las alturas.
Eterna o calcada del milagro, el azar nada puede;
la muerte te menciona con respeto
y eres su letargo, agua donde todo consigue mirarse.
Nadie sospecha, nadie,
que el mundo se gobierna desde tu cabellera.
...

2.
SARA

Made of unreal elements, or secret,
your eyes are the entrance door to the labyrinth.
Light is not in the origin,
nor in the subtle blinking of the hydroelectric sources,
but in the movement you display with your own shadow.
Denser than myth but clear,
like the sun imprisoned in a windowless room.
The color of the dream in your forehead is of uncut flowers.
There is the vortex of time;
no profile calls for compassion;
the spotless sparkle of the fallen warriors
is a butterfly in your face.
Oracle and paradise, the entrails
are the vessel that contains the dilemma of the mirror.
Nothing touches you, save the lucidity of the flash of lightning
that learns from your steps; silence drinks in the mystery
and the leopard becomes a silvery trace of blood far up.
Eternal or modelled on the miracle, chance can do nothing;
death mentions you respectfully
and you are its lethargy, water on which all succeeds in looking at itself.
No one suspects, no one,
that the world is governed from your hair.
...

3.
LO QUE PUEDE LA MIRADA

Hemos entrado en el almacén para ver la luz enferma.
Los hierros humanos llenan las alacenas íntimas
y he perdido mi alma, mi equilibrio,
entre una tiniebla de diez y siete años.

Lentamente he perdido la máscara
mientras me amortajabas con un beso.
Tu ombligo era el valle coronado por una puesta de sol.
No era este nuestro mundo ni esta la ceguera
que nos borras como la eternidad en un país de sonrisas.
Ved: cuevas que guardan en ataúdes celestes
el fantasma encadenado de la médula espinal.

Aquí solo son baratos los condones, la fragancia del polvo,
el túnel que se adorna con su sangre habitual.
Brillo huérfano del deseo donde se advierten
los árboles de la calamidad, el latido de una mirada
que hoja por hoja se derrama sobre los mostradores vanos.

Cuando las cabezas ya no tengan una gota de fiebre,
y un cielo humanizado borre los calabozos,
el cóndor de dientes de oro pedirá perdón.
Como la lluvia a la entrada de los cines,
se amotinarán los sueños, resurgirá la claridad.
...

4.
En el desierto de Gobi

En el desierto de Gobi
alrededor del moridero de los dragones,
fue hallado el esqueleto de un bisonte
con la testa hacia cielo
y su sombra engordada por una llaga vastísima.

Aunque su hembra yacía
bajo la piel de furtivos peñascos,
le llegaba el olor de su babosa pelambre.
Fecundó la semilla
que nutrió a generaciones.
De la aterrada materia de su sueños
brotó el roble de tez rocosa
que no doblan ni los tifones milenarios.

En noches en que la luna
cambia de destino,
el muerto bisonte bufa con estruendo,
encabritado
por el resplandor de nostalgias primitivas.
...

5.
In the Gobi desert

In the Gobi desert,
around the dying place of the dragons,
the skeleton of a bison was found
with its head toward the sky
and its shadow fattened by a vast sore.

Even though its cow lay
under the skin of furtive crags,
the smell of its mushy hair reached her.
It fertilized the seed
that fed generations.
From the appalled matter of its dream
sprouted the oak of rocky bark
that not even the millenary typhoons can bend.

In nights when the moon
changes course,
the dead bison snorts uproariously,
lurching upward
by the radiance of primitive longings.
...

6.
GANGES

Por el Ganges bajaba
una vaca,
el espinazo vuelto trizas,
en los dulces ojos la esperanza
de alcanzar la venia de los dioses.

Bajaba muerta
con su ternero vivo en las entrañas.

Lo vi desde la barca
mortales,
vi por el agua bajar ese milagro.
...

7.
GANGES

On the Ganges a cow
floated down-river,
its backbone torn to pieces,
in its sweet eyes the hope
to obtain the pardon of the gods.

It floated dead
with its calf alive in its entrails.

I saw it from the boat,
mortals,
I saw this miracle floating on the water.
...

8.
BUMERÁN

Oh destino . . .
Jorge Luis Borges
Yo que hice el largo salto en el Transiberiano,
que conocí los vientos de Kabul,
la gruesa nieve de Petersburgo,
que bebí la salada leche de yegua en la cual se hechizó
Gengis Khan.
Yo que toqué a una puerta en Milos y en Isquia,
que he visto a los murciélagos proteger
the library of Coimbra
y ascendí las pirámides de Tikal hasta las nubes.
Yo que me arrastré por el Sahara hasta el atardecer,
que en Delfos hablé con el oráculo
y soñé víboras en la esbelta Sarajevo
mientras en la calle Tome Masarika
se desnudaba mi sombra.
Yo que en Delhi vi los muertos sacudirse el polvo,
que he mirado a los ojos a las divinidades de Nara
y respiré cenizas en el Ganges.
Yo que contrarié a las divinidades chinas
en subversivos papiros que de tiempo inmemorial
circularon en la Ciudad Prohibida,
que acaricié a una virgen del siglo XII
mientras mordía mustias hojas de otoño.
Yo que acumulé mi timidez en el trono de un rey,
que hice el misterioso vuelo hasta el paraíso
de unos abrazos
lo que de verdad recuerdo es el barrio en que nací.
...

9.
BOOMERANG

Oh destiny . . .
Jorge Luis Borges
I who have gone on the long Trans-Siberian trek,
I who have known the winds of Kabul,
the thick snow of Petersburg,
who have drunk the mare's milk that bewitched Genghis Khan.
I who knocked on doors in Milos and Ischia,
I who have seen bats protecting
the library in Coimbra
and have climbed the Tikal pyramids right up to the clouds.
I who crawled along the Sahara after sunset,
who talked with the oracle in Delphi
and dreamt of vipers in the slender Sarajevo,
while on Tome Masaryka Street
my shadow denuded itself.
I who in Delhi saw the dead shake off the dust,
I who saw in the eyes the divinities of Nara
and breathed ashes in the Ganges.
I who opposed the Chinese divinities
in subversive scrolls which since time inmemorial
have circulated in the Forbidden City,
I who caressed a virgin from the twelfth century
while biting on withered autumn leaves.
I who cradled my shyness in the throne of a king,
who made a mysterious flight to the paradise
of some embraces,
what I truly remember is the neighbourhood I was born in.
...

10.
ULUBEK* / (1394-1449)

Ulugbek, recorrí mucho polvo
para acercarme a las estrellas que forjaste.
Quiero abrigarme un instante
- pemíteme ese don -
con el manto celeste, hace frío
y nos morimos mientras pasa la noche.

En el firmamento veo tu mano tendida.
Un viejo milenario me dijo
que con tu pasión cosmogónica
te hiciste hermano del cielo.

Y ahora te veo como si fuera ayer:
toda estrella que descubres
la pules y guardas en la patria de tu corazón.
Tu estatura es fosforescencia que camina.

Con humildad me uno al homenaje.
La medersa coloca en rítmica fila los minaretes
para albergar tu llegada,
la arena del desierto cesa de silbar
para que solo entre a su oído
tu intensa palabra de malaquita.

Rey en la tierra,
por la multitud bendecido,
las órbitas saben
que también fuiste
khan de los espacios infinitos.

En tiempos de rígida oscuridad
llenaste el vacío de números oraculares.
Arquero de pulso radiante
tu flecha venció la negrura,
tu brazo amedrentó la ignorancia
y hasta dejaste relámpagos de sabiduría
a los bárbaros que te rasgaron la vida.

El silencio azul
de Samarcanda,
el brillo enhiesto
de Bujará
conservan tu mirada en un cofre,
y las mezquitas
vuelan
a colocar la flor del alba
a orillas de tu nombre.

Toco el firmamento
que recorriste con tu mano
toco
el sextante
que me hará viajar
adonde fulguran los abuelos
de la cúpula de topacio.

Un escalofrío me recorre
cuando asciendo la escalinata
que te llevó hacia lo incorpóreo.
Tú, frecuentador de la blanca perfección,
tú que jamás obraste a espaldas de la balanza,
derrama el atributo de la centella
en esta raza humana desorientada.
...

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