Casas Viejas Poem by Hernán Guanipa

Casas Viejas

La felicidad es regocijante, placentera,
dulce, liberante, algazara,
trepidante de alegría al corazón,
cuando el amor la induce.
Pero la tristeza es paralizante
fría aun en el más ardoroso calor.

Como aquellas las casas viejas,
que no terminan de caer ni cumplir su lazo de vida,
y aún moribundas pernoctan en el tiempo,
con portales por derrumbarse
y áticos desplomados en ruinas,
entre medias paredes polvorientas
donde la araña teje a placer y en perfección
sus redes mortales.

Casas viejas con aleros de tejas astilladas
no del tiempo no, de abandono si,
y de pesar de años sin aliento de vida,
pero que aún sobreviven aferradas al ayer.

Casas solas, con nidos abandonados, a medio tejer,
agujereados por la brisa viva,
que pasa y se enconde y se va entre risas que asustan
a los pájaros de ayer.

Casas viejas de pálidas huellas
tapiadas por la arena del tiempo,
con patios y jardines solitarios,
soleados y engrosados de espinos.

Moribundas casas viejas
solitarias en cada amanecer
en cada atardecer
y en cada anochecer
cubiertas en su velo de nostalgias y miedos
que por las noches dibujan sus sombras
deformes en fantasmales figuras
que a lo lejos enconden sus tristezas
como zombis inmóviles
entre voces sin fuerza de almas desgastadas ahogadas en sus llantos
esperando a la distancia del tiempo
que los vientos arrastren sus últimos cimientos
y allende los siglos se borren para siempre sus recuerdos.

POET'S NOTES ABOUT THE POEM
Las casas que se abandonan, también entristecen y mueren.
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