Soy la última en la lista de quienes obtuvieron sabiduría por amor. Soy de las que se tomaron a pecho eso de soñar sin dejar de amar. Soy de las pocas que aún buscan sentimientos en un mundo donde lo material se codicia y se codifica en números binarios.
Me permito sufrir cuando las palabras se vuelven balas de cañón, y rezo cuando las sábanas se enfrían durante el invierno. Me representan las gotas de lluvia que, al congelarse, se quedan suspendidas en el tiempo: intactas, intangibles.
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