Amor mio, deberías haberme invitado a una ronda de espada
y apuñalarme cien mil veces hasta que amaneciera una nueva mañana.
Querido mio, deberías haberme pedido que jugara a las carreras,
mientras tú sostenías un cuchillo y yo corría con una daga.
Cielo mío, deberías haberme invitado a un tiroteo
las balas son mis lágrimas y mis propios poemas son mi calvario.
Amor, ojalá me hubieras dado un puñetazo y golpeado en la cara,
en lugar de empaparla con lágrimas tristes y secarla con una mantilla.
Querido, ojalá me clavaste una daga en el pecho,
en lugar de decirme cosas dulces y decirme que soy la mejor.
Cielo, ojalá me apuñalaras la yugular con la espada más afilada,
nadaré en mi propia sangre y me ahogaré en mis poemas y palabras.
Cariño, debiste haberme atado con serpientes a un árbol
y besar mi cuerpo con latigazos llenos de amor.
Mi media naranja, debiste haber retrocedido las décadas, amordazarme la boca hasta olvidar que podía flotar sin ser tocada.
Mi cielo, mi cuchurrumin, debiste haber repetido nuestra historia, debiste haber quemado, invadido y enterrado mi ciudad.
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