Estoy drogado y confundido.
Pienso en la necesidad que sentía por llorar,
en la dependencia que nació hacia el manipulador,
producto de mi falta de identidad.
Encuentro una correlación entre mi existencia
y un grupo de mapaches buscando comida bajo la lluvia.
Ahora mismo estoy drogado;
no soy consciente,
me siento vacío,
pero satisfecho.
He cambiado, cambié bastante,
y tengo miedo de mostrarme como soy ahora.
Aun así, no estoy insatisfecho con mi existencia.
Torturé a un pobre niño,
y ahora me toca reforzarlo,
como forma de redención ante su dolor.
Me volví adicto,
y sé que debo buscarme.
Perdoné al demonio,
perdoné a las criaturas;
todos quedaron satisfechos.
Pero en un lugar donde la guerra ocurrió,
solo puede crecer la desesperanza
ante un futuro omnipotente y lleno de incertidumbre.
Algo en eso lo vuelve más tenebroso,
pero… ¿qué más da ahora?
Puedo continuar.
Saqué de encima el peso de miles de miradas.
Sonreí al niño que, seguramente,
piensa que soy inteligente, incluso cool.
A ese niño que alguna vez masacré
por falta de experiencia,
por falta de entendimiento.
Soy ambiguo,
y por eso me drogo.
Soy pretencioso,
y por eso busco algo que no encuentro.
Y al no hallarlo,
solo me queda buscar algo mejor.
Voy a soñar contigo, mi ángel.
Voy a verte ahí, mi demonio.
Hoy seré coronado como un soldado con hambre.
Al imaginarte acostado junto a mí, lo entiendo:
fui yo quien tuvo que perdonarme
para poder aceptarte.
No eres mi sombra, eres mi yo.
Eres lo que debo amar, no romper.
Todavía siento tu frialdad,
tu falta de empatía hacia mí,
tu frustración ante los movimientos torpes
que la Vía Láctea nos obliga a hacer.
Damas y niños,
vengo a presentarles la cruz:
la cruz donde me encuentro colgado,
listo para morir.
No de forma violenta,
ni forzada.
Yo mismo me colgué,
y más de uno me ayudó a hacerlo.
Jesús sabía que moriría.
Amó hasta el final.
Su bautizo, su confirmación, su palabra,
fueron un intento de exorcizar la impureza humana.
Pero cuando fue crucificado,
fue para abrazar esa humanidad.
Para demostrar que no hay nada más humano
que crucificarte por tu pureza y tu bondad.
Yo también seré crucificado.
Tomaré las riendas
y haré que los falsos seguidores lloren por mí.
Recuerden: sigo drogado.
Cualquier falta de cordura es parte de mis defectos,
y eso, curiosamente,
también me vuelve un desequilibrio.
Hubo un momento de alegría:
cuando la flor me rechazó,
cuando dijo que su vida había tomado un mejor camino sin mí,
entendí que debía darle espacio.
No nos mudamos a otros planetas;
solo coexistimos en galaxias distintas,
orbitando como mundos con sus propias formas de vida.
Y aunque duela su falta de empatía,
son sus defectos los que la vuelven un gema que alumbra.
Jesús resucitó al tercer día.
No amaneció limpio,
sino desnudo,
con cicatrices,
con la garganta seca,
quizá con lagañas en los ojos.
Jesús de Belén vio sonreír a su Padre,
y en lugar de quedarse,
volvió a la tierra:
quebrado, pero iluminado.
Yo no soy un ángel.
Soy un demonio.
Aunque, tal vez, ambos seamos soldados de Dios.
Soldados que custodian mi conciencia,
mi humanidad.
No hay que odiar a Lucifer,
ni idolatrar a Miguel.
Solo hay que observarlos pelear
y sentir cuál de los dos somos:
¿el roto buscando valor,
o el valorado deseando sentir dolor?
Somos danzas improvisadas sobre pasto con espinas,
y aun así,
tenemos el valor de escuchar todo el repertorio de canciones
solo para seguir con el show.
Me drogué de catarsis.
Soy la droga que me droga.
Me volví adicto, señor Sociedad.
Castígueme,
pero recuérdeme
como aquel que no murió en la cruz,
el que no bajó del cielo,
sino del suelo.
No resucité al tercer día;
resucité cuando quise,
cuando había dormido lo suficiente.
No soy un dios,
no soy Jesús.
Soy el aprendiz de lo que ellos no quieren que aprenda.
Pero aun así,
voy a entenderlos,
para sabotear sus mensajes de divinidad.
Nací como un niño perdido
que aún sigue en el bosque pidiendo ayuda.
Pero aunque no haya salido de él,
ya no la necesito.
This poem has not been translated into any other language yet.
I would like to translate this poem