Monday, October 8, 2018

HERIDA DE TU HERIDA Comments

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(diciembre 14)

He alumbrado una diosa o un dios. No sé si salió de mis ojos o mi boca, pero cuando desperté estaba allí como una herida enorme de amor viva o una flama.

Empezó a extender sus manos, a probar su pulso en una extraña música, a intentar sus primeros pasos y palabras. Y un instante me miraba fijamente y era un dios, y otro instante se desvanecía en una sonrisa de humo y era una diosa.



***


(diciembre 15)

Ahora tendré que decidir:

(¿dejaré que crezcas?
¿te llevaré a pacer como un cordero
por las más altas montañas?
¿te abandonaré en una cesta
o en un bosque entre lobos y cuervos?
¿te despeñaré?
¿moldearé tus labios en un idioma extraño?
¿coseré tu amor a mis pies
como una sombra?
¿y qué nombre te pondré
para reconocerte
cuando pasen muchos años
y vuelvas
como una falta
o un destino cumplido
a buscarme?



***


(marzo 15)

Se volvió un cordero con flamas en lugar de vellones y venía a lamer mis piernas, a pacer en mis manos y mis ojos.

Balaba mortal y yo le contestaba. Reía con sus dientes de tizones. Se enroscaba a mi lado como un bulto de amor.



***





(abril 3)

En abril compré lápices y cuadernos para enseñarle el alfabeto. Una diosa o dios tiene que conocer el misterio de las letras y escribir sus milagros y parábolas para la posteridad.

Trazábamos la A cien veces amordazando la voz.
La E eléctrica y rabiosa, caída en éxtasis con los brazos
abiertos en cruz sobre el suelo.
Torva la I.
La O respirando en una cámara de oxígeno
o en un pulmón de acero.
La U insomne, dura.

Y las repetíamos con la perfecta inflexión, presintiendo que para cada letra hay otra oculta como una sombra o una espalda, y que sólo con ellas podemos decir nuestros nombres.



***

(junio 2)

Un día estás. Otro día ya no estás.

Una noche duermo contigo en mi habitación y despierto en una calle empedrada, llena de gatos, en Praga. Pero yo nunca he estado en Praga. Pero yo nunca te he visto dormir ni caminar por los hilos del sueño.

Un día crees o descrees. Un día me temes o te temo en un solo miedo al unísono. Un día sabes. Otro día no sabes.

De mañana eres un cordero. De tarde una paloma. De noche un ciego animal de amianto que no se deja ver y escarba galerías en las paredes. Abro mi oído para escucharte y no te escucho. O sí. Te escucho como un diente: como una estrella: como un pozo: como un latido.



***


(junio 19)

Bostezas y sale una luna de tu boca.

Caminas y brotan rosas de tus pasos.

Te sientas a la mesa y pides hostias de comer. Yo te anudo una servilleta al cuello y te las sirvo en un blanco plato con tenedor y cuchillo.



***





(junio 20, por la noche)

Cada día te pareces más a una lengua encendida. Te veo saltar de un lado para otro, buscarte en los espejos o en la santa imagen de la pared. Te escucho hablarte con dulces e inadmisibles palabras.

Enciendo un fósforo y caminas siguiéndolo como si se tratara de un faro. Voy a ser tu Amor, le dices o me dices. Voy a ser tu Virtud.

Enciendo otro fósforo. Clausuro con trapos húmedos las ventanas, el filo de la puerta y abro la llave de gas. Me tiendo en un rincón mientras tú sigues caminando. Tomas mi lapicero y escribes este poema.



***



(junio 21)

Al día siguiente ya no estaba. Tal vez enfermó de luz y se marchó o fue perdiendo su cuerpo y su aire hasta desaparecer.

SERÉ HERIDA DE TU HERIDA

había escrito en la pared.
...
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Carlos López Degregori
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