Ni a las aguas,
tan turbulentas y frías,
se les llama de mal gusto
¿Cómo te puedes llamar tú así?
¿Y al amanecer?
Cuando las horas de sueño yo no son,
quien conoce la belleza de la primera mañana,
¿Puede realmente maldecir su llegada?
Cuando la aqueja se vuelve monótona,
y los pájaros no me abrindan paz.
Cuando el sonido del motor sobrepasa el sonido de mi corazón,
la carretera parece una serpiente interminable.
Pero llego a casa,
luces apagadas
y me duermo,
sintiendo frío en mi corazón
A la tarde del día siguiente,
una mariposa se sienta conmigo en mitad de la acera
sus alas revolotean con una mancha de fuego,
Ella, simple y entusiasta, me contradice en mi intento de quedarme en medio,
Me dice: ¿No eras tú quien ama la mañana?
¿Quién pasa la noche para ver el sol despertar?
¿Quién animó a otros a luchar?
¿Cómo puedes tú entonces decir que el amanecer ya no vale la pena?
La mariposa me hizo ver,
me hizo recordar,
que estas son,
Estas son mis razones de existir.
El sol admirar,
y las olas escuchar.
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