Pero si tú vienes,
No habrá derrota en esta tierra,
Cada noche te recibo de cuerpo entero,
Rasgo las gasas oscuras que te cubren
Y evaden los ojos cautelosos de los guardias.
Ahora estás desnuda ante mis ojos,
Todo lo iluminas,
Eres un sol convaleciente que sigiloso
Estira sus brazos y abre las rejas de la noche.
Tu cuerpo navega en mi sueño.
No son tranquilas estas aguas . . .
Tiembla mi nave . . .
Quisiera remar pero no hay tripulación a bordo,
Soy una embarcación a la deriva
Que tú tomas por asalto.
¡Ah . . . ! Ahora caminas en cubierta,
Con tus pies descalzos le despiertas a esta abandonada nave
Todos sus ímpetus de viaje.
Entras en la cabina del capitán y tomas el timón,
No es un asunto de fuerza lo que guía a una buena navegante.
Dulcemente giras mi embarcación a estribor,
Percibo tu aliento, tu débil jadeo que enmudece a la brisa.
Tus ojos sobre mis ojos
Inventan de nuevo el horizonte.
Lentamente abandonamos la bahía y entramos en alta mar.
La libertad tiene tu nombre.
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