Tuesday, January 8, 2019

MUERTE, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE HUIDOBRO Comments

Rating: 0.0

Hace un año visité la catedral de La Paz.
En mi vida vi un retablo cubierto de tan dorado disfraz.

Señor, al admirar tu imagen tallada por un aymará barroco
sentí el alma henchida por un viento loco.

Primero fue como un soplo hacia el fondo de un agujero
que vació el espacio y multiplicó la realidad por cero.

Luego vino un ruido sordo como un rechinar de esposas,
un llorar sin llanto ante el ensanchamiento de las cosas.

Mis palabras huyeron atraídas por una fuerza de gravedad
y sentí tu oído como un mar que imita la eternidad.

Desde entonces un pájaro agoniza en mi garganta.
Si ayer silbaba como un niño, hoy apenas canta.

A ratos vuela entre mis dientes y se pierde lejos.
Lo han visto sorbiendo el agua reflejada en los espejos.

Señor, siento un cansancio tan profundo
que no pesa como el cansancio del cuerpo sino como el peso de la conciencia del mundo.

Hilos monótonos de sangre que caen desde el techo
cuyas gotas parecen que mordieran el pecho.

Señor, haz que hoy mismo un ángel descienda y me traspase con una espada tu calma.
Haz descansar mis angustias sobre su plateada palma.

Hay un anhelo de perfección que llevo dentro como un pequeño infinito.
Nací creyendo ser dios y lancé con furia mi primer grito.

Quien vive como yo no vive, se marchita contrahecho,
oprimido en un espacio cada vez más estrecho.

Señor, soy un monje ateo en una mísera celda que escribe salmos de papel;
quien vive como yo no muere, se apaga, todo se vacía de él.
...
Read full text

Juan Cristóbal Romero
COMMENTS
Close
Error Success