Tan atareado está Vallejo
Contando horas en un ábaco de sombras
Que no advierte
El paso de Nadie
Por la acera de enfrente.
Tan ensimismados van los dos
Que se enfrían el café, el silencio,
La cuchara de plata,
Las pipas de los charladores
Del Café de la Ópera
Sin pronunciar sus nuncas,
Sus jamases.
Vallejo escucha
En la rota noche de París
Un huayno que baja de la sierra
Envuelto en nieblas, en tinieblas,
En alpacas y en llantos.
A veces, palmoteando su espalda,
Lo visita un dios enfermo, no tan grave,
Y el silbato de un tren
No deja escuchar lo que le dice.
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