Mientras miraba fijamente las vueltas que daba
un pollo en el asador
Advertí que a pesar de poner todo empeño de mi
parte no podía cerrar la boca
Afortunadamente había pasado desapercibido para
las personas que a esa hora acostumbran pasearse
a lo largo de la calle
Cuando tocado por la curiosidad alguien se detuvo
a mi lado y echó una ojeada
Luego con el aire del domador de circo que mete
su cabeza en la boca de un león
Introdujo la suya en mi boca y volvió a sacarla
al parecer sin ningún desperfecto
Sólo en la expresión avergonzada de su rostro se
adivinaba que acababa de perder la cabeza.
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