A Horacio Benavides
Nave donde viajan los sueños
fuego donde se cocinan los días
mansa estación
amparo de intemperies
en su luz restaurada
florecen las palabras
Sobre frescas baldosas
nuevos pasos pasan
la brisa doméstica en el patio
entretiene la tarde
están en el hombre
las pisadas de arroz de la torcaza
las manos del muchacho
son de música
la voz de Pablo conoce
los zócalos bermejos
y las blancas alturas encaladas.
La casa, mansa estación
de horas serenas
de olvidos y fulgores
de llegadas tardías . . .
la razón oscila
abraza desvaríos la mañana
tal vez la lluvia escampará en la tarde
tal vez el sol riegue las flores,
al fondo
cantan,
la jaula vacía
una sombra asustada
en el pecho
un corazón toca la seda.
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