En la ciudad callada y sola mi voz despierta una profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un nombre y este nombre me acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz cuando esa voz es la del alma.
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No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al mismo tiempo tu perfecta espada.
...
Aquel entendimiento que callaba
Tiene toda la voz que no tenía,
Y aquella voluntad que estaba fría
Tiene todo el calor que le faltaba.
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Ni el tiempo que al pasar me repetía
Que no tendría fin mi desventura
Será capaz con su palabra obscura
De resistir la luz de mi alegría,
...
Dulce como el arroyo soñoliento,
Mansa como la lluvia distraída,
Pura como la rosa florecida
Y próxima y lejana como el viento.
...
Aquel afán de ser, árbol amigo,
Que me dejó grabado en tu corteza
Fue tan grande y de tal naturaleza
Que mientras vivas viviré contigo;
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Aquí donde la tierra es menos tierra,
Donde el agua es el agua del olvido,
Donde el aire es un aire sin sonido
Y donde el fuego ya no mueve guerra;
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Bello sería el río de mi canto,
Que arrastra por el mundo su corriente,
Si dicho canto no naciera en cuanto
El río se separa de la fuente.
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Amor antiguo, cuya sombra empaña
Mi cariñosa propensión de ahora,
Eres como una sombra de montaña
Sobre el encendimiento de la aurora.
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Aunque el cielo no tenga ni una estrella
Y en la tierra no quede casi nada,
Si un destello fugaz queda de aquella
Que fue maravillosa llamarada,
...
Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es cobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama desde arriba.
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Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido,
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado,
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Firme en la majestad y en la armonía
De su maravillosa arquitectura,
Cuya seguridad serena y pura
Es más fuerte que el tiempo y su porfía,
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Inaccesible al viento que suspira
Por apagar la luz de su cabello,
Inaccesible al pálido destello
De la estrella lejana que la mira.
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El sentido del tiempo se me aclara
Desde que te ha dejado y me has traído,
Y el espacio también tiene sentido
Desde que con sus lenguas nos separa.
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Para que el alma viva en armonía,
Con la materia consuetudinaria
Y, pagando la deuda originaria,
La noche humana se convierta en día;
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Yo que tengo la voz desparramada,
Yo que tengo el afecto dividido,
Yo que sobre las cosas he vivido
Siempre con la memoria derramada;
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No sé quién la lloró, pero la siento,
Por su calor secreto y su amargura,
Como brotada de mi desventura,
Como nacida de mi desaliento.
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En cada ser, en cada cosa, en cada
Palpitación, en cada voz que siento
Espero que me sea revelada
Esa palabra de que estoy sediento.
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Francisco Luis Bernárdez (October 5, 1900 – 1978) was an Argentine poet, born in Buenos Aires. He lived in Spain from 1920 until 1924, where he read the modernist poets that influenced in his first books, and he also worked as a journalist in Vigo. When he came back from Spain he joined the Martín Fierro group, which played an important part in the literary and aesthetical renovation of Argentine literature. Later he worked in La Nación newspaper, and joined Criterio magazine. In 1937 he was named Public Library Secretary, and in 1944, General Director of Intellectual Culture of the Justice and Public Proceedings Ministry. Four years later, he entered the Academia Argentina de Letras. Finally, he was incorporated to the foreign service of Argentina, as a council of the Argentine embassy in Madrid, until 1960. His first works, Orto (Dawn, 1922) and Bazar (Bazaar, 1922), written following the principles of ultraism, along with Alcándara (Perch, 1935), connected him to the postmodernist era, but since the publication of El buque (The Ship, 1935), he dealt with religious subjects with the classic style of Paul Claudel and Charles Péguy. This new phase is represented by works like Cielo de tierra (Earth Sky, 1937), La ciudad sin Laura (The Laura-less City, 1938), Poemas elementales (Elementary Poems, 1942), Poemas de carne y hueso (Flesh and Blood Poems, 1943), El ruiseñor (The Nightingale, 1945), Las estrellas (The Stars, 1947), El ángel de la guarda (The Guardian Angel, 1949), Poemas nacionales (National Poems, 1950), La flor (The Flower, 1951), Tres poemas católicos (Three Catholic Poems, 1959), Poemas de cada día (Everyday Poems, 1963) and La copa de agua (The Cup of Water, 1963).
La Ciudad Sin Laura
En la ciudad callada y sola mi voz despierta una profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un nombre y este nombre me acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que suena siento el sonido de una música lejana.
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de una remota llamarada.
Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera que eterniza lo que abrasa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar este desierto es el de Laura.
Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza que teman.
La obscuridad desaparece mientras el sueño silencioso se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que recuerdo no me olvida.
Porque este nombre me sostiene con emoción desde su tierna lejanía.
Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más honda que el silencio.
Cuando mi boca estaba muda, mi corazón era invisible como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo estaba muerto.
La pesadumbre de las horas era más íntima que nunca en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches eran lentos.
La tierra estaba más obscura porque faltaban las estrellas en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio en el desierto?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor que me acompaña desde lejos?
Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que estoy cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra, ¿no es la que alumbra el corazón del ser amado?
La llamarada que me quema, ¿no es la del fuego en que se quema sin descanso? Aunque las leguas se interponen entre nosotros, ya no pueden separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto del espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida sin dolor ni sobresalto.