Tu corazón invade, insiste, predomina.
El mio se resiste como puede.
Algo en nosotros sigue en pie de guerra.
Ayer, un alto el fuego,
llegamos hasta el pie de la montaña,
a la fuente que da nombre al lugar,
y nos bañamos.
Solos y casi juntos nos bañamos.
Las burbujas del agua que manaba
de la tierra subían por las piernas
haciéndonos cosquillas. Despusimos
un instante las armas a orillas de la fuente.
Casi rendido, deseé rendirme.
Pero mi corazón es espartano.
Me defiende de lo que necesito.
Entrégame tus armas, me pediste.
Y yo te respondí: Μολών λαβέ.
Me cuentas maravillas de la cultura persa,
de las grandes ventajas que obtendría
rindiéndome.
He depuesto mis armas invisibles
a orillas de la fuente.
En el mismo lugar de la batalla,
y en lugar de luchar, me doy un baño
en las aguas que salen calientes de la tierra.
Desnudo siento el agua que me abrasa,
respiro, huelo a azufre,
y sueño con la paz mirando el cielo.
Ni Jerjes ni Leónidas, soy alguien
que no saldrá jamás en un libro de Historia.
...
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