Déjame decirte que mirarás la luz del sol
y no te quemará.
Que estarás suspendido en un eterno adiós
que te acercará.
Si estás convencido de que esto es triste,
es por lo que dijiste e hiciste
y no pudiste controlar.
No sos víctima de tu destino,
pero sí un osado divino
que quiso hacerte sentir vulnerable.
Un día más fue culpa de algo que no quisiste.
Por mucho que entendiste,
tus manos no pudieron abarcar.
Miraste al cielo buscando respuestas,
las mismas que tenías enfrente
y a las que no diste el alma
que profetizabas.
Te engañabas,
engañabas esas ganas locas de que te sientan.
Y aunque sentían, no alcanzaba.
Estás mudo en un rincón,
esperando un milagro o un aventón
que no podés ir a buscar.
Ya nadie sabe cómo se sentirá.
Ya nadie lo sabe ni lo sabrá.
Estarás hundido ahí,
con tus entrañas revolviéndose,
tu mirada escondiéndose.
Y en la noche te desvelarás.
Dicen que duele,
pero no es solo eso.
Es aún peor:
es ser un muerto viviente,
un simple que en la oscuridad
encuentra el sol.
Pero la sombra no es solo tuya.
Es el refugio donde otros también esperan,
donde las miradas se cruzan
y las almas, sin hablar, se entienden.
No es derrota; es pausa.
Un espacio donde el eco de lo que duele
resuena, pero también se comparte.
Ahí encontrarás manos que tiemblan como las tuyas,
ojos que buscan el mismo sol.
Y, juntos, con pasos torpes pero ciertos,
la sombra se hará camino,
un puente hacia la luz
que siempre estuvo ahí,
esperando que alguien se atreva a mirar.
This poem has not been translated into any other language yet.
I would like to translate this poem