Después de tantos viajes regresó desnudo a casa
en las manos una luna rota recogida en el polvo.
Apareció en el camino montando una jirafa,
conversando de cosas cotidianas.
Le preguntaron sobre las siete maravillas
y el narró una conversación de sobremesa.
Le preguntaron sobre los rascacielos en New York
y narró una pelea de negros armados de blancos dientes.
Le preguntaron sobre el París de los taxis
y habló de un mendigo pintoresco desayunando en Montmartre.
Lucía desnudo pero usaba gruesas gafas
y costosos anillos acorazaban sus dedos.
Le pidieron que cantara
y él habló de los trenes que atropellan la noche.
Le pidieron que danzara
y habló de la dolorosa quietud de los parias.
Lucía desnudo pero guardaba cien raídos trajes:
entre condecoraciones y medallas
un espejo mellado
entre cosméticos y charreteras
un librito perfumado,
entre muebles anticuados
un ataúd-cama
entre cuchillos y revólveres
pañuelitos de encaje.
En sus ojos ardían mil ciudades distantes.
...
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