Cual hoy, era un día bien sereno
(¡Tú, quintaesencia de serenos días!)
Tras mí, en las colinas de lo ajeno,
De humo y niebla nada quedaría.
Hacia el poniente desde siempre iba,
Y habiendo alcanzado un hondo llano,
Pareme ante el bosque soberano
Que rige en sombra malva desde arriba.
Y ahí surgiste. En la luz menguante,
Fijabas del edén la curva fuerte:
La fluidez del sol; el burgo inerte;
Y en torno a ti, las losas ondulantes.
Al pie de las murallas, en el puente
Estabas. Ahí mismo nos amamos.
Y juntos en el burgo nos quedamos,
Y ahí tambien morí - probablemente...
Se me olvidaba todo: el camino,
Y burgo y puente y gusto de tu boca...
Cuando de nuevo tu sonrisa vino,
Y recordar aquello hoy me toca.
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