Monté la bestia azabache
que rechinaba los cascos
sobre la calle de piedra,
chispas polvorientas volaron
por los aires hacia la llanura
del valle donde relámpagos
alumbraban lívidos mi llegada…
Un grito "hasta mañana" cargado
de impaciencia cabalgó por los aires
acortando la distancia que el caballo
no frenaba desahogado su aguante…
Fugaz carrera como huida arrollada
en gemidos de huracán que avanza
evitando el silencio de la noche,
gritos fatigosos por doquier duermen
sobre la senda solitaria que la salvaje
bestia dejaba a su iracundo paso…
John Bisner Ureña.
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