Semblante impúber triste y pálido
tiene la mirada larga de hambre y
una mugrienta agonía en sus ojos
negros redondos que fulge afligida por
los embates enmascarados e injustos
de una vidorria perversa y sin perdón.
Castigo doloroso entre codicias e ambiciones
sólo daban pobreza maldita hechizada por actos
de lobos y ovejas mendigas que nunca compartieron
las bolsas de trigo y las monedas plateadas de miseria.
Mente de pulgarcitos nunca creció por pecadores
atrapados en cuerpos cadavéricos marcados
profundamente por la envida y egoísmo cegador
que tiñe la piel color tierra erosionada con arrugas
interminables en el reflejo de un espejo dormido.
Cielo matizado de violeta lleno de buitres esperando
su bocado del resignado que impotente espera el atroz,
rostro mojado por lágrimas de suplicas divinas suspiran
en silencio mirando al cielo con el cuerpo tembloroso y
exclamando: -- "Dios mío, ¡qué mal hicimos! "
John F. Bisner Ureña.
Escritor y Poeta.
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