¿No ves mi rostro enredado entre hilos de crepúsculos
Haciendo estremecer los valles y las montañas?
El camino es la rueda del otoño atascada entre las nueces,
Fuego de alas a orillas del tiempo.
Ya se acerca el cielo a la primera nota de las cuerdas,
Ya el río es un ave dorada entre los juncos.
En el sueño del mundo hay astros que se despiertan,
Y yo sobre el mar veo los buques incendiados,
Castillos y murallas en ruinas sobre la hierba
Donde antes estuvo el hombre
Antes de sentir el destello de mis ojos azules.
Turner sabe lo que dijo el relámpago antes que la luz cegara
la tarde.
Mis manos han rendido los colores de tus dos polos,
Las almas que en el mar se ahogaron embellecieron
Este crepúsculo
Y han llevado mi música por las arenas
Hasta las bocas de los acantilados.
Acerca tu cuerpo, claro como un fruto bajo la lluvia,
Y deja que tus labios se vuelvan de oro, ostenta este sol
Que hiere los párpados del otoño,
Besa esta eternidad que bebe con sus labios
Todas las orillas del mundo.
Haz que sobre el sueño no vuelvan a apagarse las antorchas.
Que el más extraño de los espejos arrancados a las mareas
No se apague,
Busca en su fondo un ciervo encendido,
Una pupila radiante del color de los pájaros
En las islas de Homero.
Ya casi es de noche en los rostros amargos de las estatuas,
Y bajo las pasiones mortales tu nombre arde
Y se cierne sobre el mar como el musgo sobre la roca
Y salpica el ceniciento corazón de la primera estrella.
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