La luz del día se apagó y ella se fue de puntillas
en la oscuridad que colgaba indiferente en el infinito,
salió despampanante y reluciente a buscar el arrullo
de los rayos de un calor maduro,
y él tácito se quedó en la sombra tapado por el denudo verdor de la arboleda que vagamente con las ramas bloqueaban su albor erótico…
En su figura se deslizaban sutiles las curvas tiernas,
sus manos suaves adormecían los ruidos de la noche mientras el reflejo de la luz calmaba el dolor entre las tinieblas tristes y errantes de los movimientos de la brisa
que ágilmente peinaba los rubios y sedosos cabellos…
Enamorada luminosidad tan cautivadora en el ocaso no repara un instante a su amante radiante al detenerse en
el horizonte seductor que se posa como mariposa impasible en sus celajes…
Mirada ávida en la quietud de una noche fría y estrellada,
cosmos suspendido en su turbia contemplación errática,
lágrimas de sufrimiento llenan los mares que salados se mueven al vaivén de las olas que rompen en aplausos,
espumas tibias suspiran al respiro del ahogo que afligidas murmuran su dolor a un espíritu apenado en la existencia…
Pálpitos como gemidos extasiados postran su noble corazón,
mientras la mirada triste de sus ojos se rinde al brillo del espíritu en su alma,
pensamientos secos en el fulgor de una mente fructífera que al desaliento cotidiano baja sus brazos y orejas sin meditar un poco…
Llorando está el poeta entre "la Luna y el Sol" muerto de apegos escribe en su trinchera las notas sentidas que la vida le dicta al trovador empedernido que transforma las letras vistiéndolas de capullos que guindan como semilla fructuosas en las mentes que adulan la luz brillante enamorada entre la locura de almas gemelas…
Dulce belleza en un paisaje de aromas y pintorescos colores,
hermosura pura y real de amantes desvelos que envidian la suerte de los celos poco amenos en los pechos suaves juveniles,
espejo de transparentes reflejos en un oasis de doncellas donde sólo ella no tiene rivales ni vanidades silenciosas que abismen el secreto de amor entre "la Luna y el Sol",
mientras cautelosa se posa muda y esperanzada entre
los espíritus vivientes que...,
no juzgan,
no oyen,
no hablan,
no ven…,
¡sólo brillan para ellos mismos! ...
Su amigo de siempre,
John F. Bisner Ureña.
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