De ciudades antiguas dormidas para siempre
de los ríos fatigados en la piedra
de la luna que irisa la agonía del toro
de las flautas que suenan en los lagos sombríos
de aquellos rincones donde una caricia nos marcó para siempre
de la traición de Judas por un anillo de lata
de la corona de violetas para las monjas muertas
desde el reverso del alma al final de un día en vano.
Crece la noche.
En territorios baldíos se difunde
como aire oscuro
y opacas pisadas de difunto,
avivando las antorchas de los templos
sus alas transparentes ocultan los montes
los amantes se desnudan en su río
y los niños tienen miedo en la cocina
cuando la luna se oculta y los guerreros
galopan veloces por el campo lejano.
...
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