LVII Poem by Lucía Estrada

LVII

Separo por un momento el agua del pozo: no quiero más su reflejo, su caravana espectral,
siempre yo, o la hija del primer hombre.
Al fondo, una legión de aves desconocidas inicia el canto de las formas que no se repiten, y
quieren enseñármelo, liberarme de mí en la espiral que conduce al propio abandono. A lado
y lado están los seres unidos en sabias jerarquías. Van quedándose con mi cuerpo: primero
un pie, después los brazos, la cabeza y el cuello en la vasija de los más jóvenes, y el lugar
del corazón, el centro, bajo la corona del águila. Al buitre reservan mi vientre. Hay en esa
labor de condena, una música que debo conocer.
Seré pájaro como ellos, mitad vacío, mitad intemperie, mas, en mí, también serán los otros.
Pregunto el nombre de esta unión, de la gran sinfonía que comienza y vuelve a comenzar, y
como respuesta, el agua se arquea sobre el pozo, clara, brillante, más allá de mi deseo, y me
permite, nos permite cruzar.

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