Un silbido transportado por el viento
Que trae consigo una voz melancólica
Manchada por el pasado y los sueños que nunca fueron
Un latido del corazón que no para de marchar.
Caminar en medio de un mosaico de vidrios y pétalos
Con los pies sangrantes y la espalda fuerte.
El vacío lacerante del expatriado dividido entre
Su anhelo de estar donde ya no puede y gozar de la tierra nueva.
La confrontación fría y dolorosa de su temor a desaparecer de la memoria de su pueblo.
Quien conoce la situación la conoce, y quien no la conoce finge hacerlo para dar un falso alivio.
Entre terrenos recorridos pisa fuerte creyendo saber hacia dónde va, pero en el fondo escondiendo su falta de rumbo.
Su arraigo desvanece junto con las memorias asesinadas por el dinamismo y cambio constante de su ciudad natal.
Finge saber, finge estar bien porque teme afrontar los espejismos de su interior y la muerte simbólica de su identidad.
Poco a poco desarrolla el coraje de aprender a dejar ir
Encontrando libertad en la aceptación y el cambio.
Lee para olvidar, canta para sentir y se refugia en la música.
Se ve reflejado en la historia, pero crea melodías para su avenir.
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