Tímidamente las estrellas prendiendo van su llamarada,
Y el sol se hunde agonizando cual ave en su postrera hora;
En otro mundo estamos juntos, ante la eterna contadora,
La mar, que espeja los azules de su infinito en tu mirada.
Mientras arriba el ocaso ondea su argentada prenda,
Abajo mengua la marea que tiernamente llega y toca;
Y aunque nuestra alma canta, seguimos sin abrir la boca,
Cuando enlazadas en silencio las manos cuentan su leyenda.
Errante el alma se desliza sobre la mar que la domina,
Ya eras son lo que llevamos soñando en su inmenso centro.
Entre las olas confundido está el amor y en mar adentro...
Allá se quedará sellado, arcano que jamás termina.
...Y nos iremos extinguiendo, pues en la sien llevamos muerte,
Mas quedará de lo eterno la sonriente esperanza,
Y nuestro amor en son de olas proseguirá su eterna danza,
Meciéndose en la misma onda, llorando de la misma suerte.
Y cuando ya seamos tierra, en otra tarde y otro ocaso,
Vendrá a esta misma playa distinto par de enamorados,
Y no sospecharán aquellos, con tanta furia abrazados
Que lo que estrechan entre ellos es nuestro amor y nuestro abrazo.
(1913)
(Traducido por Paul Abucean)
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