Luis Cernuda

(1902 -1963 / Santa Cruz, Seville)

Once More, with Feeling - Poem by Luis Cernuda

From our old friendship
I never thought I'd ever remember again
How a whole tribe, such a strange group
To me and maybe no less strange to you,
Adopted you.

But one of that tribe,
A professor and, according to him and others
Over there (which shows how far our land has fallen),
A poet, called you "my prince."
And I ask myself what you ever did that he
Could have come to think of you as his prince.

Academic claptrap? His writings are full of clichés
And conventional thinking. But his rapturous rhetoric
Does nothing to clarify our understanding
Of the mystery in your work, even though he's also called
A critic of our contemporary poetry.

The appropriation of you, which you wanted
Nothing to do with when you were alive,
Is what now seems to me so utterly strange.
The prince of a toad? Isn't it enough
For your countrymen to have killed you?

And now stupidity succeeds the crime.

Topic(s) of this poem: feeling


Comments about Once More, with Feeling by Luis Cernuda

  • Fabrizio Frosini (12/4/2015 1:12:00 PM)


    Another poem by Luis Cernuda:

    ''A un poeta muerto''
    Así como en la roca nunca vemos
    La clara flor abrirse,
    Entre un pueblo hosco y duro
    No brilla hermosamente
    El fresco y alto ornato de la vida.
    Por esto te mataron, porque eras
    Verdor en nuestra tierra árida
    Y azul en nuestro oscuro aire.

    Leve es la parte de la vida
    Que como dioses rescatan los poetas.
    El odio y destrucción perduran siempre
    Sordamente en la entraña
    Toda hiel sempiterna del español terrible,
    Que acecha lo cimero
    Con su piedra en la mano.

    Triste sino nacer
    Con algún don ilustre
    Aquí, donde los hombres
    En su miseria sólo saben
    El insulto, la mofa, el recelo profundo
    Ante aquel que ilumina las palabras opacas
    Por el oculto fuego originario.

    La sal de nuestro mundo eras,
    Vivo estabas como un rayo de sol,
    Y ya es tan sólo tu recuerdo
    Quien yerra y pasa, acariciando
    El muro de los cuerpos
    Con el dejo de las adormideras
    Que nuestros predecesores ingirieron
    A orillas del olvido.

    Si tu ángel acude a la memoria,
    Sombras son estos hombres
    Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
    La muerte se diría
    Más viva que la vida
    Porque tú estás con ella,
    Pasado el arco de tu vasto imperio,
    Poblándola de pájaros y hojas
    Con tu gracia y tu juventud incomparables.

    Aquí la primavera luce ahora.
    Mira los radiantes mancebos
    Que vivo tanto amaste
    Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
    Desnudos cuerpos bellos que se llevan
    Tras de sí los deseos
    Con su exquisita forma, y sólo encierran
    Amargo zumo, que no alberga su espíritu
    Un destello de amor ni de alto pensamiento.

    Igual todo prosigue,
    Como entonces, tan mágico,
    Que parece imposible
    La sombra en que has caído.
    Mas un inmenso afán oculto advierte
    Que su ignoto aguijón tan sólo puede
    Aplacarse en nosotros con la muerte,
    Como el afán del agua,
    A quien no basta esculpirse en las olas,
    Sino perderse anónima
    En los limbos del mar.

    Pero antes no sabías
    La realidad más honda de este mundo:
    El odio, el triste odio de los hombres,
    Que en ti señalar quiso
    Por el acero horrible su victoria,
    Con tu angustia postrera
    Bajo la luz tranquila de Granada,
    Distante entre cipreses y laureles,
    Y entre tus propias gentes
    Y por las mismas manos
    Que un día servilmente te halagaran.

    Para el poeta la muerte es la victoria;
    Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
    Y si una fuerza ciega
    Sin comprensión de amor
    Transforma por un crimen
    A ti, cantor, en héroe,
    Contempla en cambio, hermano,
    Cómo entre la tristeza y el desdén
    Un poder más magnánimo permite a tus amigos
    En un rincón pudrirse libremente.

    Tenga tu sombra paz,
    Busque otros valles,
    Un río donde del viento
    Se lleve los sonidos entre juncos
    Y lirios y el encanto
    Tan viejo de las aguas elocuentes,
    En donde el eco como la gloria humana ruede,
    Como ella de remoto,
    Ajeno como ella y tan estéril.

    Halle tu gran afán enajenado
    El puro amor de un dios adolescente
    Entre el verdor de las rosas eternas;
    Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
    Tras de tanto dolor y dejamiento,
    Con su propia grandeza nos advierte
    De alguna mente creadora inmensa,
    Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
    Y luego le consuela a través de la muerte.
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  • Shakil Ahmed (11/13/2015 9:08:00 AM)


    nice poem, you have painted your passions with great dexterity, thanks for sharing. (Report) Reply

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Poem Submitted: Friday, November 13, 2015



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