No es justo que recién ahora te entienda,
cuando tengo roto más que el corazón.
He estado pensando en todo lo que viviste,
en cómo atravesaste sola tu dolor,
mientras yo, por razones que hoy reconozco,
no supe estar ahí para ti.
Sé que ya no puedo cambiar lo que pasó.
Tú has sanado muchas heridas sin mí,
y quizás hoy tu tranquilidad
consiste en no tenerme cerca de tu vida.
Lo entendí tarde, pero lo entendí:
te amo más de lo que imaginé,
y también sé que, en esta historia,
yo fui el que más falló.
Hoy veo con más claridad mis actos,
mis reacciones, mis ausencias.
Me di cuenta de que muchas de esas cosas
nacieron de un pasado que me moldeó
y del que no fui consciente.
Descubrí el miedo que cargo por dentro,
el que tantas veces me paraliza.
Y ahora, ese miedo se transformó:
mi mayor temor es no volver a ver tu sonrisa,
no volver a tener tu presencia en mi vida.
No escribo esta carta esperando algo,
solo necesitaba ser honesto contigo
y, por fin, conmigo.
me despido de ti con respeto,
agradeciendo lo vivido,
lamentando lo perdido
y honrando lo que alguna vez fuimos.
Tal vez no merezca una segunda oportunidad,
tal vez el destino ya escribió otros caminos,
pero en mi corazón siempre habrá un lugar
donde tu nombre tenga abrigo.
Ojalá encuentres paz,
ojalá encuentres amor del bueno,
de ese que no duda, que no huye,
que no llega tarde.
Y si un día, por azar o milagro,
coincidimos de nuevo en esta vida,
ojalá me encuentres siendo
el hombre que debí ser contigo.
Con todo lo que aún siento,
y con todo lo que aprendí tarde,
me despido con amor
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