Bajo la bóveda estrellada y ancha,
en la fragante intimidad del rancho,
un tímido y enrojecido chancho
eterno amor jurábale a su chancha.
'¡Vení, mi amor, huyamos del recinto! '
Le respondió: '¡Vos sos boludo, Pancho!
Comer y amar solemos por el gancho,
¿pero escaparnos? ¡Eso es bien distinto! '
En la taberna 'Río San Jacinto'
alguien pidió: 'Ponéme otro tinto'.
Ganaban los ingleses en la cancha.
Y encima del nocturno laberinto,
el Sol albiceleste, en revancha,
le disparó a la Luna una mancha.
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