Te dejaría, alma, despedida,
y un árbol fuera, quieto y contento,
con flores en lugar de pensamientos,
viviéndome sin bien ni mal la vida.
En algún bosque montañés, lejano,
cuando las aves se alegraran más,
mi frente el sol rozara con su mano
y el cielo con sus lágrimas mi faz.
Y llegará la lluvia que lavare
el polvo de las penas que sufrí;
y libre de raíces, para mí
la noche hará zarcillos estelares.
La luna llena pesaré en balance -
curioso nido que enlazado aguanto;
de luz y savia embebido tanto,
que no habrá arbol que a mí me alcance.
Con un violín tocando en cada rama
celebraré la dicha de existir;
y el mágico concierto al concluir,
veré que el bosque acude y me aclama.
(Traducido por Paul Abucean)
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