Abro los ojos,
despierto y estoy vivo,
doy Gracias y puedo
exhalar los más suaves
y misteriosos aromas…
Escucho el bramido de
la vida rugiendo en mí,
luego un silencio
interrumpido fluye grato…
En la campiña el deseo de vivir es
sorprendido cortando azucenas
del lustre orgulloso de sus brotes y,
el amor se esconde de la vanidad
que de puntillas va mirando los
rosales y espinado el corazón…
Existencia emocionante como las
bellas auroras que tímidas pintan
una suave sonrisa en el horizonte
al disiparse en las mejillas ávidas
que con feliz gratitud escribe
sobre blanco y en negro
versos poéticos indelebles
grabados en la trinchera
literaria de la memoria de un
Ser común y silvestre…
John Bisner Ureña.
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