Para Rafael Alcides, que conoce el parquecito de Nadie
Funeral de nadie, pues no hay nadie a quien enterrar.
TS Eliot
En bronce. Que sea en bronce la estatua de Nadie. Con pedestal. Que sea en mármol su pedestal. En una plaza luminosa erigiremos su monumento. Nadie tendrá las verdes charreteras que dejen en sus hombros las palomas.
A falta de héroes podríamos adoptarlo como portaestandarte de la ciudad, abanderado en las batallas de la nada. Historiadores y académicos se encargarán de los detalles necesarios a su vida. Las parejas se citarán bajo una sombra ecuestre -como placen a los héroes los caballos- en la gran plaza a la que daremos un toque de Chirico.
Vendrá bien adornar la estatua con flores que no son de temporada: girasoles de la piedra, orquídeas de metal.
En bronce. Que sea en bronce la estatua de Nadie, homenaje al hombre justo, al señor inexistente.
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