Querido viejo,
gracias, gracias y mil gracias más,
por ser el roble fuerte que sostiene nuestro hogar.
Aun teniendo problemas,
no te dejas derrumbar.
Viejo, sé que no eres muy cariñoso,
pero te preocupas por mí a tu modo.
Somos hombres,
y pienso que al mostrar afecto
no nos ven del mismo modo.
Pero tranquilo:
soy tu hijo, tu sangre,
no te juzgaré
y siempre te querré.
Viejo,
eres mi modelo a seguir,
la estrella en mi futuro
y mi escudo en mi sentir.
Sé que das todo por nosotros.
Aunque te sientes mal,
no pones peros
y sigues dándolo todo.
Y para finalizar,
en este escrito vengo a mostrar
las palabras que no digo por respeto,
para no parecer menos...
pero el amor de un hijo a su padre
es eterno.
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