Ya sé el mal que se ha infiltrado
en nosotros.
Es el mal de las zarzas y de los insectos
en la tela de araña
y también las ascuas en los ojos
la noche de San Juan
y hasta septiembre
cuando las cepas se llenan de neblina.
Un mal que convivimos
si me escuchas.
Un dolor que te explico
y que no entiendo.
Tu desnudez me hace tiritar.
Tu amor me duele
porque no sé amar.
Señora de las zarzas
y de los incendios del verano:
¿por qué me invitas a la desdicha
si yo soy la desdicha?
¿Por qué no nos alejamos juntos
de nosotros
hasta el nido de arañas?
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