En una fría mañana de febrero
los robles al fin son del tamaño de la tristeza
padre, frente a tu foto
el viento de ocho dobleces mantiene la mesa en calma
desde la dirección de la niñez
vi siempre tu espalda
mientras pastoreabas nubes negras y ovejas
por el camino a los emperadores
un viento elocuente trae inundaciones
la lógica de las callejuelas corre por el corazón de la gente
cuando envías por mí te vuelves el hijo
cuando te sigo me vuelvo el padre
el destino maldice en la palma de una mano
mueve el sol la luna las estrellas para girar
bajo un único, masculino, candil
todo arroja sombras dobles
las manecillas fraternales luchan para formar
un ángulo agudo, luego se vuelven una
el trueno enfermo resuena en el hospital de la noche
golpeando a tu puerta
la aurora surge como un payaso
la llama cambia las sábanas para ti
donde el reloj se detiene
el dardo del tiempo pasa silbando
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