Es la hora en que las lanchas atraviesan el lago
y quedan negras estelas diagonales
a los lados del muelle.
Chicos, voces: el paisaje
va perdiendo precisión y matices.
Veo el cabo arrojado, la excepción amarilla
de los salvavidas saltar, uno por uno, a tierra.
Pronto se instalará sobre nosotros,
enorme, el cielo del sur.
Todo presente, todo provisorio:
ni quedan huellas en el agua, ni guarda
una noche memoria de las otras.
Es un milagro que el cinturón de Orión
venga siempre a calzar en su cintura.
Gravedad, oí decir,
es el secreto del día que acaba
y las estrellas que no colapsan:
de gravedad está hecho el disco de las horas,
nosotros, el temblor que deja un pez
cuando salta en el lago.
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