Crepúsculos ajenos
destinos vanos
presentes irreales
¡Desperdicio!
Nada pueden mis ojos cambiar.
Ni las palabras dichas o calladas
ni el rostro de la muerte
inventariado en los pliegues de la sombra.
Olvidos. Cientos de olvidos
y húmedas crisálidas
- guardianas de las tumbas -
avanzan a pesar de mi sollozo.
Se cumplen los relojes
con su cuota de espanto.
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