Se apagará una tarde
O al nacer el día
El fuego que aún arde
En esta alma mía.
Y quedaré entonces
Pegado todavía
Al libro de mi Procer.
Y si llego a leerlo
Tal vez hasta la mitad
Cual mis párpados de muerto
¡No lo vayan a cerrar!
Déjenmelo así, abierto
Ya mi hijo así, por cierto
Lo podrá continuar.
Y de ser que el no oyera
De la letra el son de cuerno
Pónganmelo cabecera
Con su bosque dulce y tierno.
(1964)
(Traducido por Paul Abucean)
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