Escribo a la edad en que los poetas verdaderos están muertos,
y me aferro a sus espectros con manotazos de náufrago.
Escribo porque mi cansancio es un trapecio que cuelga
en el abandonado circo del sexo.
Escribo en el juego individual de la caverna,
donde todas las sombras dan lo mismo.
Escribo sobre flores oxidadas que son el presente griego del otoño.
Escribo con la leche de mi infancia que hace negra mi vejez.
Escribo pisándome los talones.
Realidad, deja de guiarme, ya aprendí el camino,
ya no quiero tu brújula engañosa.
Tiempo, que rascas mi lengua como un pezon maldito,
aparta de mí tu cáliz.
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