No es posible reír al son de la turbiedad
enterrado a cada paso en arena amorosa,
como un crótalo cascabel que suena en el desierto
y del que todos huyen.
Cuelgan de mi sus besos;
no se confunden con la luz del día,
deben permanecer como flores erectas bajo el hielo
entre amonites del pasado.
Por esta puerta entró Julieta,
y Romeo, empecinado aún bebe su sangre
en el remoto castillo del tiempo.
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