Tú, que te has extinguido de aquí eternamente,
Estrella que mi alma amó y adoró!
Tú, que brillabas antes tan viva y fulgente
Habiendo en el mundo tan sólo tú y yo!
Oh, luz tan cariñosa y tierna, inefable!
Por siempre entre los astros te busca mi afán,
Y en la serena noche, en vuelo infrenable
A cielos inmortales mis añoranzas van.
Pasaron crueles años y más irán pasando
Desde el atroz momento en que yo te perdí,
Sin que se calmen penas ni mengüe el quebranto,
Sin conocer sosiego, pensando siempre en ti!
Deleites amorosos, placeres fascinantes,
Y sueños de un futuro feliz y audaz,
Se apagaron todos en sólo un instante
Cual en la fosca noche un astro tan fugaz.
Extintos! Desde entonces errando y sufriendo,
No halla otro consuelo mi pobre corazón
Que alzar hacia tu nombre la voz de mi lamento,
Estrella sonriente allá en tu panteón!
Pues mucho fue, sí, mucho, lo cuanto te amaba,
Encanto que a mi alma llegó y alumbró!
Y mucha fue la dicha que en ella inspirabas
Habiendo en el mundo tan solo tú y yo!
Hermosa angelina de alas argentinas!
Viniste a lucirme cual sueño encantador
Y al cielo cual perfume de rosas, repentina
Te fuiste y me dejaste la sombra de tu amor.
Recuerdos y tesoros de tiempos tan felices,
De besos dulces, caros y llenos de pasión,
De dias luminosos y dignos de los dioses,
De noches venecianas y pura bendición.
Poético tumulto, corona de mi vida,
Que alivia y revive mi íntimo sentir,
Y unido a las harpas eliseas anida
Cuando a ti me inclino, mi dulce elixir!
Tú que mi sol has sido, mi suerte y mi sosiego,
Y de mi poesía suprema inspiración,
Recibe allá en los cielos mis lágrimas, te ruego
En signo de homenaje a nuestra gran pasión!
(1853)
(Traducido por Paul Abucean)
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