El mar y yo transitamos
por los mismos pensamientos.
Muchas veces,
mis palabras son tenidas
como el sol que asusta a
las flores en las
noches siniestras.
Pero ya he visto muchos
sueños volando por los
misteriosos huecos de
una luna marchita
y silenciosa.
Sigue igual mi alma ante
la voz ronca de las hojas,
el gruñir de los caminos
y la demoníaca mirada
del buey con sus
perversos cuernos rojos.
He sabido enfrentarme a
enemigos con dientes
oxidados y corazón traicionero.
En mi nada puede interrumpir
la paz de la lira.
La solidez, firmeza y
templanza de un
hombre se forja en la
virilidad de las
profundas tinieblas y
en los astilleros de azufre.
Por lo tanto,
el tonto apesta.
Es comprobado que en la vida
no hay cosa más mortífera y
peligrosa que el nefasto
halago de un enemigo
tenido por amigo.
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