Se conoce mi nombre y vengo del presente,
con euros y claveles me compró un dictador.
He cruzado las ruinas de mi infancia dorada
y viejo entregué el trono que mi padre robó.
El aire de mi aliento sobrevoló miserias
y en alcobas reales me atiborré de cuerpos
en un triste combate contra mi soledad.
Entre mis ojos llevo un cazador de pago
que esconde su bondad con sangre de elefantes.
Salgo a ver el crepúsculo que enrojece mi cara
y me vuelvo fantasma en un cuadro de Goya.
Con letra de poetas soy lobo expiatorio
y con globos de insulto me recuerdan los niños.
A la luz de los toros amanezco llorando
como si retornara al dolor de mi hermano.
En el camino que nunca me libera
mi espíritu vigila las dos puertas del tiempo:
mi pasado y presente como espada encendida
sobre el fin de mi estirpe.
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