Sopla el silencio cargado
de un color cenizo y pálido.
Por los caminos,
de polvo amarillento y espeso,
caminan tórtolas sabaneras.
Escondidas están las mariposas
de primavera.
Un calor seco muerde la luz
clara como el grito de cien
toros heridos.
El vaho de hojas podridas
y aguas estancadas viaja
con la angustia del crepúsculo.
Es otoño pero de oriente
ronca el monstruo que
atormenta al mar,
a los hombres,
a las bestias, a los pájaros y a
los árboles adormilados.
Es grande el temor a la
inminente desolación,
horrible y punzante como
dientes del salvaje Leviatán.
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