Soy un ser que en ocasiones
desea no haber sido.
Brotan lágrimas como un
manantial deshojado.
Tengo las manos laceradas por
los dientes que ayer alimenté
y en el corazón está la
flecha envenenada.
El tiempo no da tregua al dolor
y a la angustia.
Todo es un pensar en los pesares.
Mientras más pasan los años,
mayor la desesperación y
la atroz incertidumbre.
Vano es el intento por la sonrisa
en el rostro peculiar y sincero.
Mi espada se deshizo en las nubes
y entre truenos.
Todos se unieron para el golpe
magistral, traicionero y funeral.
Solo en la voz de un niño encontré
algo de las flores ayer despedazadas
y tristemente olvidadas.
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