Mi mente ha de ser tan
pura como el agua
cristalina de un
solitario riachuelo.
Por eso cada día
batallo contra lo que
intenta contaminarla.
Sé que el mundo está
lleno de mensajes,
de palabras y de
acciones perversas.
La guerra no está fuera.
Yo soy lo que pienso.
Mis acciones son
determinadas por
mi cabeza.
Por eso no doy espacio
al pesimismo.
-¡Yo puedo! -eso me digo
y repito.
Luego marcho firme.
No doy mis sentidos a las
palabras perversas y
desalentadoras.
Lo repito:
la vida es ordenada
por el pensamiento.
No escucho ni veo
palabras e
imágenes mecanizadas
de almas perdidas.
Soy espacio a la pureza,
al altruismo,
a la honorabilidad y a
la luz y verdad.
La mente es
energía creadora.
Antes de la materia,
la idea.
Soy fortaleza de poder
y gran tesoro cuyos
enemigos ansían tomar
a precio de sangre y
terrible violencia.
Pero yo la cuido con la
tenacidad de un
imbatible guerrero.
Eres infeliz,
cambia tus pensamientos.
Deseas éxitos,
cambia tus pensamientos.
Anhelas paz,
cambia tus pensamientos.
Yo cuido mi alma.
Yo cuido mi alma.
Yo cuido mi alma.
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