La vida está controlada
por los bordes
del universo.
Por más inmenso
que parezca,
el todo tiene un punto
que marca el principio
y un final donde
empieza el dominio
de la nada.
Por lo tanto tomamos
por misterio aquello
para lo cual no
encontramos respuestas.
Entonces, paradojicamente,
aparecen algunos jactándose
de sus filosofías, de sus
dioses y de sus
intrincadas religiones.
Nos complicamos más,
pues no sabemos nada.
No sabemos nada.
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