Desde cuando fui joven hasta
la madurez sufrí cambios.
No sé si pasa con todos.
Recuerdo vivir ilusiones,
pasiones, entusiasmos e
inconmensurables deseos
de hacer cosas.
Sobre todo, fe en las almas.
Solo imaginé la verdad.
Pero al darme al bien,
al altruismo, a la complacencia
de los llamados honorables,
de pronto descubrì
mi pobre ignorancia.
En la espalda escuché risas y
una pérfida burla.
El festín fue mi ingenuidad.
Vi el ropaje de la
ambición y comprendí que
la vida es espejismo y una
escondida siniestra daga.
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