Pienso en Quevedo
que he de ser polvo, como tú, si muero
y he de ser vidrio, como tú, si vivo.
Y entiendo
que el estado vítreo
-ni sólido, ni líquido-
es el humano,
puesto que al enfriarse se endurece,
pensemos en las manos de los muertos;
pero al calor del otro
se inmola en un proceso de fusión
y de desorden.
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